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Allá lejos y hace tiempo ...

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El cuadrado mágico
(la televisión anterior al cable)

(enviado por JulioC. Faget)

     Mirar hacia atrás a veces sólo sirve para darse cuenta cuánto se ha avanzado o qué lejos se está del arranque. En mi caso particular, no hace muchos días, tuve uno de "esos días" en el que los recuerdos se hacen una catarata y empiezan a salir como si de una galera de un mago se tratara, y reviviendo tiempos pasados, empecé a contarle cosas a mis hijos, que quisiera de alguna manera compartir.
     Nombres y personas que ya no están y un montón de cosas que, como canta el Sabalero, es "lindo haberlo vivido para poderlas contar..."

     Nací en Carrasco el pobre, al mismo tiempo que la televisión en Uruguay.
     En 1958, Saeta canal 10 daba sus primeros pasos en la nueva tecnología y como una fiebre lenta pero permanente los uruguayos pasaban de la vieja radio "Catedral" a unos monstruosos aparatos de TV blanco y negro que parecían más parte del mobiliario que un electrodoméstico más como sería con el correr de los años.
     Tal vez por esa coincidencia temporal, nuestra relación (entre la tele y yo) fue siempre tan especial. No sé cuándo llegó a mi hogar, pero recuerdo bien su nombre. Era una Sylvania "de luxe" y mi vieja estaba orgullosa porque tenía, además de todo lo que implicaba la "modernidad", un gran avance adicional para que la TV "no hiciera mal a la vista". En esos años se hablaba de los rayos que emitía el tubo y toda la paranoia que el nuevo invento implicaba.
     Pues sí, nuestra Sylvania tenía "jalolai", que con el correr de los años descubrí era en realidad un "halo light" o sea, un marco de tubos de luz diminutos alrededor de la pantalla que se encendían o no para hacer que la reunión frente al aparato no fuera tan peligrosa. ¡Lo que jorobaba mi vieja con su "jalolai"!
     Pero lo cierto es que la programación de aquellos años me hacía vibrar con apenas cinco años y me pasaba horas mirando, devorando, todo lo que podía.
     De más está decir que la mayoría de las cosas que se transmitían o eran en vivo o eran película ya que no enlatados, procedentes de remanentes de Estados Unidos de muchos años atrás y de otros países.
     Pero eso me permitió verme todo el cine de la "Argentina Sono Film", las mismas películas que vieron mis viejos en el cine, en las matinée, yo las desgrané entre tanda y tanda y así conocí a los grandes de todos los tiempos. Haciendo un breve racconto: "La danza de los millones" con Luis Sandrini y Olinda Bozán, "La Casa Grande", "Juan Globo" con Sandrini, "S. López" un policial argentino que me impactó y en el que creo que trabajaba Olga Zubarry con un actor chileno que luego imitaba en las reuniones familiares. "Cuando lo duendes cazan perdices" con Malvina Pastorino y Sandrini ("¡la vieja ve, mi vieja ve!"), "Payaso" (con la que lloré como dos días), Lolita Torres en "La niña de fuego", un jovencísimo Juan Carlos Torri con Mirtha Legrand en "La Señora de Pérez", "El piyama de Adán", "¡Miguitas en la cama!" con el inolvidable Enrique Serrano. En fin, podría hacer una lista interminable porque me las ví todas o casi todas y no una sino dos o tres veces, hasta aprenderme de memoria los diálogos.
     Los dibujitos animados, lejos de los "manga" japoneses, los robots y toda la locura subliminal que encierran hoy por hoy, casi siempre venían en inglés (nadie se molestaba en doblarlos) y me mataba con El Super Ratón y su show. Luego vendrían los ya castellanizados Lagarto Juancho, Leoncio y Tristón y la inefable Tortuga D’Artagnan, con su "¡D´Artagnan al ataque!"

     Y después estaban las seriales. Un Batman que entraba a la baticueva por un enorme reloj de pared, que no tenía a Robin a su lado y que se hacía conducir por su mayordomo Alfred en su lujoso coche (todavía no había comprado el batimóvil) como chofer. Recuerdo de ese Batman que tenía dos cuernos como si fuera un marciano o un diablo y ¿contra quien combatía? Claro, contra japoneses en plena preguerra mundial. Pero lo más fuerte era “Combate”, con el Sargento Sanders que no moría nunca, así recibiera cien mil heridas de guerra y nunca era retirado del frente por heridas. El tipo era inmortal. Bueno en cierta manera lo es. Todos sabíamos que del "escuadrón" de "Combate", el actor invitado o el soldado nuevo era el candidato a ser acribillado y morir en brazos de Vic Morrow (el actor que hacía el papel del Sargento Sanders). Ya de grande me enteré que el actor del inmortal Sargento Sanders, había muerto decapitado por las aspas de un helicóptero mientras filmaba una película de acción.
     Eran otras épocas, sin dudas. No había marketing, ni globalización ni Internet ni nada de estas cosas maravillosamente automáticas que hoy tenemos y las cuales disfruto y utilizo a pleno.
     Los niños aún no habían sido descubiertos como "segmento de mercado"}” y por lo tanto nos arreglaban con lo mínimo posible. Un fuerte indio de madera, con una puerta que se elevaba y bajaba con una manijita hecha de alambre dulce era la reproducción exacta de "Cheyenne", "Caravana" y por supuesto la inolvidable "Bonanza". Los soldaditos de plomo, ya no eran de plomo sino de plástico, para que pudieramos mantener una eterna rivalidad con el perro de la casa, que solía confundir a mis soldados con su comida y les proporcionaba heridas suplementarias que luego con un poco de imaginación y resignación se transformaban en parte del juego (una pierna mordisqueada, un brazo menos, no eran motivo suficiente para retirarlos del frente –como al Sargento Sanders- a no ser que "el Cuqui", les arrancara la cabeza... ¡que espantosa coincidencia!)
     Y al mencionar al "Cuqui", el perro foster de mi abuela que me enseñó con los dientes que a ciertos perros no les gusta que le saquen la comida cuando están almorzando, recuerdo el "bautismo" del perro, en el cual el papel protagónico lo tuvo una vez más el nuevo jefe del hogar: la TV. En efecto, el personaje que se peinaba permanentemente el jopo, en el "cuadrado mágico" en la serial "77 Sunset Street" se llamaba ¿cómo? Of course, my horse… "Cuqui".

     Ni qué hablar que sufrí durante años el famoso jopo hasta que pude ejercer el "derecho al peine" y ponerme el pelo como se me antojó.
     Y navegué por los mares del sur con el Capitan Adam Troy a bordo de su Kon-Tiki, a través de la también devorada "Aventuras en el Paraíso". "El Túnel del tiempo" me llevaba y traía por la historia de la humanidad y Pipo Mancera, me enloquecía con sus "Sábados Circulares" donde de cuando en vez tocaba el tema OVNI (uno de los temas que me apasionan y al cual dediqué años de investigación y periodismo). Los jóvenes Cacho de la Cruz y Alejandro Trotta, hacían las delicias del público con "El Show del Mediodía" –aún en el aire aunque radicalmente diferente- adonde confluían los grandes uruguayos Julia Amoretti, Cristina Morán, el negro Rada (un pibe que hacía ruidos raros con una garganta prodigiosa y que había sido "descubierto" porque hacía esas cosas para poder entrar gratis al Estadio Centenario a ver los partidos), Nubel Espino y tantos otros.
     Y con el correr de los años me hice periodista y escritor, y me tocó un buen día escribir para uno de los medios en el que trabajaba, las anécdotas de la TV. Así reviví el hecho de que como los comerciales se hacían en vivo, los locutores debían desplazarse de un canal al otro para cumplir con la tanda "en hora" y los detalles graciosos de un Gordo Del Valle, que promocionando una conocida marca de cerveza debía tomarse un generoso trago de una jarra y decir su speech. Para la décima salida de la tanda de la cerveza, el pobre Del Valle ya estaba mamado hasta las patas tratando de encontrar las palabras correctas.
     O aquel teléfono que debía sonar en medio de una dramática escena de un teleteatro (todo en vivo por supuesto) y no sonaba porque la "chicharra" se había roto y en el entretiempo que trataban de arreglarla, el actor que debía haber dado sólo dos pitadas a su cigarrillo, ya comenzaba a encender el segundo hasta que un cameraman decidió "innovar" en materia de timbres telefónicos y en lugar de la chicharra, en la desesperación golpeó a la puerta como si alguien viniera. El actor, sin expresar sorpresa, levantó el tubo del teléfono y dijo su frase "Hola... eres tú..."
     Pero, ¡qué se le va a hacer! "En la cansada esfera del reloj..." las horas no se niegan a pasar y atrás muy atrás en el tiempo, quedó Pilán con su vaso de leche brindando con un chiquito que con hepatitis y tirado inmóvil en su cama lo siguió atentamente, tarde a tarde durante tres meses.
Si no hubiera sido por Pilán, probablemente me hubiera levantado a las dos semanas.

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